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“Tenemos derecho a vivir sin que el miedo nos gane ni nos gobierne” Padre Alberto Reyes

Redacción de CubitaNOW ~ viernes 6 de febrero de 2026

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El padre camagüeyano Alberto Reyes se ha convertido en voz y luz de la protesta pacífica en contra del desgobierno totalitario que asficia a Cuba. Su sección "He estado opensando..." es una muestra inequívoca de su valentía y conocimiento del drama de su pueblo.

Esta vez nos acerca al tema de "cuando el miedo se disfraza de obediencia".

Pensar en la vida humana es pensar en sus necesidades más profundas. El padre Alberto lo expresa con claridad cuando afirma que “hay tres necesidades alrededor de las cuales se estructura la personalidad: el afecto, la seguridad para la supervivencia y la experiencia de control sobre nuestra vida”. No se trata de teorías abstractas, sino de pilares sin los cuales la persona —y también un pueblo— se quiebra por dentro, aunque intente aparentar normalidad.

“Sentirse amado, seguro y con un sano control de nuestra vida, permite que el miedo no nos gane ni nos gobierne”. Cuando estas condiciones existen, la vida se vive desde la verdad y la libertad interior. Pero cuando faltan, surge el miedo como mecanismo dominante, y con él las defensas. Tal como señala Reyes, “nos protegemos, levantamos defensas, y si no nos damos cuenta, acabamos confundiendo nuestras defensas con nuestra identidad”. El problema es que, al vivir desde esas defensas, dejamos de reconocernos.

Este fenómeno no ocurre solo en lo personal. A nivel social, el sacerdote es contundente: “una dictadura no ama a sus hijos”. Puede exigir lealtad, imponer disciplina o reclamar sacrificios, pero carece de amor auténtico. “Los controla, los manipula, los usa para sus fines, pero no los ama”. En ese contexto, la vida humana pierde valor real; los sueños y deseos se vuelven irrelevantes frente a la lógica del poder.

La seguridad tampoco existe. “Todos viven permanentemente con miedo”, explica Reyes, tanto quienes disienten como quienes sirven al sistema. No hay protección real porque “al no existir un estado de derecho, no existe un sistema judicial autónomo que pueda defenderlos”. Así, el miedo se convierte en norma y se transmite de generación en generación como herencia silenciosa.

Ante ese escenario, muchas personas optan por la obediencia como estrategia de supervivencia. Se aprende a callar, a justificar lo injustificable, a repetir frases como “es por nuestro bien” o “no es posible otro modo”. Sin embargo, algo interior se rebela. Porque, como dice el texto, “desde lo más hondo algo nos grita que no queremos una vida así”.

El punto decisivo llega cuando se reconoce la bifurcación del camino: seguir viviendo desde la simulación o empezar a construir una realidad distinta. Despertar, como afirma Reyes, implica recuperar la conciencia de que “tenemos derechos”: a vivir sin miedo, a decidir el rumbo de nuestra vida y a construir un sistema que no nos niegue como personas.

En última instancia, todo se resume en esta verdad esencial: “tenemos derecho a vivir sin que el miedo nos gane ni nos gobierne”. Y reconocerlo ya es, en sí mismo, un acto de libertad.


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