En el sur de Florida, la escena se repite cada día: largas filas frente a agencias de envíos, carros cargados de cajas y familias enteras organizando paquetes con destino a Cuba. Lo que antes era ayuda ocasional se ha convertido en una rutina imprescindible para miles de emigrados que intentan sostener a sus seres queridos en medio de la crisis en la isla.
En ciudades como Miami y Hialeah, los cubanos llegan con maletas, carritos o el maletero lleno de productos básicos. Dentro de las cajas viajan leche en polvo, café, medicamentos, pañales y artículos de higiene. Pero en los últimos meses, un nuevo protagonista ha ganado espacio: los equipos para enfrentar los apagones, desde lámparas recargables hasta generadores eléctricos.
La escena refleja el deterioro acelerado de las condiciones de vida en Cuba. La escasez de alimentos, la falta de medicinas y los prolongados cortes eléctricos han obligado a muchas familias a depender casi por completo de la ayuda enviada desde el exterior.
“Siempre hay que mandar algo”, comenta una residente en Miami mientras organiza su envío. Para muchos, el café y la leche siguen siendo imprescindibles, pero ahora se suman productos para sobrevivir a la falta de electricidad, una de las crisis más severas que enfrenta el país.
La demanda de envíos ha aumentado notablemente en las últimas semanas. Empresarios del sector aseguran que el volumen de paquetes crece a medida que empeoran las condiciones en la isla y aumenta la incertidumbre sobre los canales de envío. En algunos casos, cuando fallan los servicios formales, resurgen alternativas informales como las llamadas “mulas”, personas que transportan mercancías directamente en sus viajes.
El trasfondo es una crisis estructural que lleva años acumulándose. Cuba enfrenta graves problemas en su sistema eléctrico debido al deterioro de sus termoeléctricas, la escasez de combustible y la falta de recursos para mantener la infraestructura. A esto se suman la inflación, la caída del turismo y la limitada capacidad de importación.
En la vida cotidiana, esto se traduce en apagones de largas horas, dificultades para cocinar, almacenar alimentos o simplemente alumbrarse durante la noche. Los precios de productos básicos se han disparado, superando en muchos casos el salario mensual de un trabajador estatal.
Ante este panorama, el contenido de los envíos ha cambiado. Si antes predominaban alimentos y ropa, ahora cada vez más cajas incluyen baterías externas, ventiladores pequeños y plantas eléctricas portátiles.
Algunos emigrados hacen un esfuerzo aún mayor. Hay quienes envían generadores completos, pese a su alto costo. Un residente en Miami explicó que gastó más de 400 dólares entre la compra del equipo y el envío para ayudar a su madre en la isla. “Es la única manera de que pueda tener luz cuando se va la corriente”, señaló.
Para muchas familias, estos gastos representan un sacrificio significativo, sumado al costo de vida en Estados Unidos. Sin embargo, continúan enviando ayuda porque saben que del otro lado hay personas mayores, niños o enfermos que dependen de ello.
Más allá del impacto económico, la carga emocional es constante. Las llamadas desde Cuba suelen traer nuevas necesidades: medicinas que no aparecen, alimentos que escasean o piezas para reparar equipos dañados. Cada paquete resuelve una urgencia inmediata, pero no la crisis de fondo.
(Con información de N+ Univision)
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