El padre Alberto Reyes no cesa en su empeño de exponer verdades sobre la realidad cubana. Esta vez el sacerdote católico cubano nos acerca a un texto, del cual desconoce su autoría, pero que expone muchas de las cosas que están sucediendo en la Isla.
"No sé quién escribió esto, pero no creo que pueda escribirse mejor. El texto que sigue ha sido compartido como una reflexión sobre el impacto psicológico y social de los apagones prolongados en Cuba, y ha generado una amplia reacción por la manera directa en que describe el desgaste emocional de la población. Lo comparto".
El apagón no es falta de luz.
Es una forma de castigo.
Que se pudra la comida ya duele.
Pero lo que realmente se rompe es otra cosa:
la cabeza.
La ciencia es clara: vivir sin electricidad constante genera ansiedad, irritabilidad, depresión, trastornos del sueño. No porque la gente sea débil. Porque el cerebro humano necesita estabilidad para no colapsar.
En Cuba hoy no hay estabilidad.
Hay incertidumbre programada.
Cada apagón manda el mismo mensaje silencioso:
“No tienes control ni sobre lo mínimo.”
Y eso, repetido día tras día, va desarmando a cualquiera.
No poder conservar alimentos.
No poder cargar un teléfono.
No poder comunicarse.
No poder descansar.
No es solo incomodidad.
Es indefensión aprendida.
Kafka lo habría entendido perfecto: una violencia absurda, sin rostro, sin explicación, sin salida. Resiste, pero no sabes hasta cuándo. Obedece, pero nadie te responde.
Y mientras tanto te dicen que es normal.
Que te adaptes.
Que aguantes.
Pero no es normal vivir en oscuridad forzada en pleno siglo XXI.
No es normal que sobrevivir sustituya a vivir.
No es normal que un país entero tenga que organizar su vida alrededor del apagón.
Esto no es una crisis energética.
Es una crisis humana.
Los apagones no solo apagan bombillos.
Apagan proyectos.
Apagan la calma.
Apagan la esperanza.
Y cuando la luz se va demasiadas veces,
lo que queda no es silencio.
Es rabia contenida
Reyes, quien ejerce su ministerio en la provincia de Camagüey, ha ganado visibilidad pública por abordar temas como la pobreza, la emigración, la represión y el deterioro de las condiciones de vida en Cuba, desde una perspectiva ética y humanista.
En días recientes, el párroco fue citado por la Seguridad del Estado en Camagüey, en un contexto marcado por el aumento de pronunciamientos críticos desde espacios religiosos.
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