Trump, Macron, Starmer y Zelenski en Francia, Dominique Jacovides-Pool/SIPA/picture alliance
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a convertirse en el centro de atención durante la última jornada de la cumbre del G7 en Francia al llegar con retraso a una reunión de trabajo y dirigirse a los demás líderes con una frase que rápidamente generó reacciones: “Soy el jefe”.
La expresión fue pronunciada cuando la mayoría de los mandatarios ya se encontraban sentados en la sala de reuniones del Hotel Royal de Évian, sede del encuentro internacional. Aunque el comentario fue recibido con risas por varios de los asistentes, reflejó una vez más el estilo directo y provocador que ha caracterizado a Trump en los principales foros internacionales.
Tras su llegada, el mandatario estadounidense también bromeó con los periodistas presentes en los minutos iniciales de la reunión, sugiriendo que podían quedarse durante el encuentro, antes de que los equipos de protocolo los acompañaran fuera del recinto.
La sesión estuvo dedicada a temas económicos y reunió a los líderes de las principales democracias industrializadas, así como a representantes de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Entre los asuntos debatidos figuraron el crecimiento económico mundial, el avance de la inteligencia artificial y las preocupaciones sobre las prácticas comerciales de China.
Sin embargo, gran parte de la atención política se concentró en la situación de Oriente Medio y en el acuerdo impulsado por Trump con Irán. Los líderes del G7 expresaron su respaldo al entendimiento preliminar que busca impedir que Teherán desarrolle armas nucleares y facilitar la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de petróleo y gas.
Trump defendió el acuerdo asegurando que garantiza que Irán no podrá obtener armamento nuclear. Según afirmó, ese objetivo representa prácticamente la totalidad de sus aspiraciones en las negociaciones.
Pese al respaldo mostrado por los líderes de Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y el Reino Unido, el presidente estadounidense aún enfrenta interrogantes tanto dentro como fuera de su país. Algunos sectores políticos consideran que el acuerdo podría no ser suficiente para neutralizar definitivamente el programa nuclear iraní, mientras que aliados de Washington observan con cautela el desarrollo de los acontecimientos.
La reapertura del estrecho de Ormuz es uno de los puntos más sensibles del pacto. Antes del conflicto, por esa vía transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas natural comercializado en el mundo. Por ello, los países del G7 consideran fundamental garantizar la seguridad marítima y el retorno del tráfico comercial en la zona.
Fuente: DW y La Razón
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