Fallece Lázaro Junco; adiós a una leyenda que hizo del jonrón un arte
Redacción de CubitaNOW ~ martes 2 de junio de 2026
El béisbol cubano amaneció de luto con la noticia del fallecimiento de Lázaro Junco Nenínger, una de las figuras más emblemáticas de las Series Nacionales y referente histórico de Matanzas. Reconocido por generaciones de aficionados como "Papá Jonrón", Junco dejó una huella imborrable gracias a su extraordinaria capacidad ofensiva, su carácter sereno y su profundo compromiso con el deporte. Más allá de los récords que estableció y de los más de 400 cuadrangulares que conectó durante su carrera, su legado quedó ligado a una forma de entender el béisbol desde la humildad, el sacrificio y el respeto. Su partida, ocurrida tras enfrentar una prolongada enfermedad, provoca una profunda tristeza entre quienes lo admiraron dentro y fuera de los terrenos, pero también invita a recordar una trayectoria que ayudó a escribir páginas esenciales de la historia de la pelota cubana.
La muerte de Lázaro Junco Nenínger deja un vacío imposible de llenar en el béisbol cubano. A los 67 años, el legendario inicialista matancero cerró definitivamente una vida dedicada al deporte que amó desde niño y en el que alcanzó una dimensión reservada para muy pocos.
Nacido en el municipio de Limonar, Junco se convirtió en uno de los símbolos más representativos de la provincia de Matanzas. Su nombre trascendió generaciones gracias a una combinación de poder ofensivo, disciplina y una consistencia que lo llevó a ocupar un lugar privilegiado entre los grandes bateadores de la historia de las Series Nacionales.
Durante años fue protagonista de innumerables jornadas memorables. Sus cuadrangulares no solo decidían partidos; también alimentaban la ilusión de miles de aficionados que acudían a los estadios con la esperanza de verlo conectar otro batazo histórico. Su capacidad para enviar la pelota más allá de las cercas lo convirtió en una referencia obligada del béisbol cubano y en el primer jugador en alcanzar la barrera de los 400 jonrones en campeonatos nacionales.
Sin embargo, reducir la figura de Junco a sus estadísticas sería una injusticia. Quienes compartieron con él destacan su modestia, su respeto por compañeros y rivales y su disposición permanente para transmitir experiencias a las nuevas generaciones. Nunca necesitó grandes discursos para ganarse la admiración de la gente. Su conducta dentro y fuera del terreno hablaba por él.
Tras concluir su etapa como jugador, continuó vinculado al béisbol desde diferentes responsabilidades técnicas, aportando conocimientos y formando parte del desarrollo de jóvenes talentos. Su experiencia resultó valiosa para equipos matanceros que encontraron en él una fuente constante de aprendizaje y motivación.
En los últimos meses enfrentó una dura batalla contra la enfermedad con la misma entereza que mostró durante toda su carrera deportiva. A pesar de las dificultades, mantuvo la serenidad y el cariño de quienes lo acompañaron en ese proceso.
Hoy, mientras Matanzas y toda Cuba lamentan su partida, queda la certeza de que su nombre seguirá ocupando un lugar de honor en la memoria colectiva del deporte nacional. Lázaro Junco no solo fue un extraordinario jonronero; fue un ejemplo de perseverancia, sencillez y amor por la camiseta. Su legado permanecerá vivo en cada conversación beisbolera, en cada recuerdo compartido desde las gradas y en cada niño que sueñe con seguir los pasos de una de las leyendas más queridas de la pelota cubana.
Fuente: Cubadebate