FITUR en Madrid demuestra la decadencia del turismo cubano
Redacción de CubitaNOW ~ miércoles 28 de enero de 2026
La Feria Internacional de Turismo de Madrid (FITUR) volvió a confirmar esta semana quiénes entienden el negocio del turismo… y quiénes siguen atrapados en la propaganda. Mientras los artistas boricuas Daddy Yankee y Olga Tañón eran recibidos entre aplausos y entusiasmo, los pabellones de Puerto Rico, República Dominicana y México se convertían en auténticos polos de atracción dentro del recinto ferial madrileño.
El stand dominicano, con un diseño futurista y una atmósfera cargada de merengue, baile y alegría, resultó prácticamente intransitable por la cantidad de público. Algo similar ocurrió en el espacio de México, que logró imponerse pese a las tensiones diplomáticas con España por debates históricos que se remontan siglos atrás. Color, música, identidad y experiencia: la fórmula funcionó.
En contraste, el espacio cubano volvió a repetir el mismo libreto de años anteriores. Sin sorpresas, sin energía y sin narrativa atractiva, la principal “atracción” fue el luchador Mijaín López, una figura admirada en el deporte, pero prácticamente desconocida para el público europeo. También hizo acto de presencia Issac Delgado, no como exponente cultural espontáneo, sino como emisario oficial del régimen, acompañado —como siempre— por un visible despliegue de seguridad que rodeó el stand cubano durante toda la feria.
Mientras los vecinos caribeños vibraban con música en vivo, la delegación cubana justificaba su silencio con el argumento de que “entre semana no se podía poner música”, reservando las actuaciones solo para sábado y domingo. Un detalle menor, pero revelador del inmovilismo.
Frente al desplome de cifras turísticas, el discurso oficial intentó vender en FITUR una supuesta “reinvención” basada en una consigna tan cínica como limitada: “en los hoteles sí hay electricidad y alimentos”. El conglomerado militar GAESA insiste en promocionar burbujas de lujo aisladas, olvidando que el turista moderno busca interacción real con ciudades, cultura y personas, no guetos blindados.
El ministro de Turismo, Juan Carlos García Granda, llegó a decir a EFE que las noticias sobre Cuba en España tienen “un matiz traumático”, como si ese trauma no fuera consecuencia directa de la realidad del país. Mientras La Habana esconde la basura bajo la alfombra, destinos como Santo Domingo o San Juan negocian mejores conexiones aéreas y calidad de servicios con aerolíneas como Iberia.
La nota más reveladora —y casi tragicómica— la protagonizó Meliá Hotels International. Su directivo en Cuba, Gabriel Cánaves, sugirió que, de no haber ocurrido “lo de Venezuela”, el turismo cubano “se estaba comportando muy bien”. Más que humor, sonó a nerviosismo. Con ocupaciones rondando el 40%, apagones constantes y problemas de suministro, la hotelera insiste en culpar a las redes sociales y a Estados Unidos, nunca al modelo ni a la dictadura.
FITUR dejó claro el contraste: mientras unos países celebran, conectan y seducen, Cuba sigue vendiendo oscuridad envuelta en consignas. El turismo cubano, como el sistema que lo sostiene, no se reforma: se reinventa o se derrumba. Y por ahora, el derrumbe es lo único que no logra ocultarse.