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Salud mental en Cuba: entre el colapso cotidiano, la automedicación y la ayuda exterior

Redacción de CubitaNOW ~ jueves 16 de abril de 2026

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Foto: Listin Diario

La profunda crisis económica y social que atraviesa Cuba —marcada por apagones prolongados, escasez de alimentos y una inflación persistente— está teniendo un impacto directo en la salud mental de la población. El diario británico The Guardian ha puesto el foco en este fenómeno, señalando un aumento del malestar psicológico y del consumo de psicofármacos, muchas veces fuera de los canales oficiales.

Diversos testimonios recogidos muestran cómo la vida diaria en la isla se ha vuelto emocionalmente desgastante. Personas como Cris Sánchez, que regresó a La Habana tras vivir en Londres, describen el uso de antidepresivos como una forma de “suavizar” una rutina marcada por la incertidumbre constante y la falta de recursos básicos. En este contexto, el acceso a medicamentos se ha desplazado hacia el mercado informal, donde fármacos de origen extranjero circulan sin control estricto y a precios elevados.

Profesionales de la salud mental dentro del país advierten de un aumento de síntomas como ansiedad, depresión y fatiga emocional, directamente relacionados con la inestabilidad cotidiana: cortes eléctricos, dificultades para alimentarse y problemas de transporte. Según estos especialistas, la presión acumulada ha generado un escenario en el que muchas personas recurren a la automedicación como única vía de alivio.

En zonas rurales, la falta de acceso económico obliga a soluciones más precarias, como infusiones de hierbas para controlar el estrés, mientras que en las ciudades se ha extendido el consumo de ansiolíticos sin receta, a veces combinados con sustancias sintéticas emergentes. A esto se suma la soledad de una población envejecida tras años de emigración masiva, lo que agrava el deterioro emocional colectivo.

El panorama actual es descrito por educadores y trabajadores sociales como más desolador incluso que el “Periodo Especial” de los años 90, al no existir —según sus palabras— un horizonte de recuperación claro al que aferrarse.

En paralelo, voces religiosas también han alertado sobre el deterioro general. El sacerdote José Conrado Rodríguez ha denunciado la gravedad de la situación social, señalando la falta de alimentos, medicamentos y espacios de diálogo interno. Durante una visita a Miami, impulsó una campaña de recolección de medicinas para enviar a la isla, reflejando la creciente dependencia de la ayuda exterior.

Encuestas recientes apuntan a la magnitud del problema: la mayoría de los cubanos reporta dificultades para acceder a atención médica y medicamentos, mientras que solo una minoría afirma poder obtenerlos sin complicaciones. En conjunto, estos elementos dibujan un escenario en el que la crisis económica ha derivado también en una crisis silenciosa de salud mental.

Fuentes: The Guardian, Martí Noticias y Diario de Cuba


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