Trum enfoca su atención en la economía cubana
Redacción de CubitaNOW ~ lunes 23 de marzo de 2026
La administración del presidente Donald Trump está marcando un giro en la política hacia Cuba, apostando no solo por la presión económica y sanciones, sino también por incorporar el potencial de inversión extranjera como parte de una estrategia que busca influir en la economía y la estructura del país caribeño en medio de una crisis energética y tensiones geopolíticas. Esta combinación de presión con incentivos económicos abre un debate sobre cómo se reconfiguraría la relación bilateral si se permitiera mayor participación de capital foráneo en sectores clave de la isla.
La política estadounidense hacia Cuba bajo Trump no se limita a una confrontación tradicional basada únicamente en sanciones y aislamiento diplomático, sino que incluye la posibilidad de abrir espacios económicos y atraer inversiones, incluso de cubanos que viven en el exterior, en sectores como turismo, infraestructura y otros estratégicos.
Recientemente, el gobierno cubano anunció que las «puertas están abiertas» para que cubanos estadounidenses y exiliados inviertan y posean negocios en la isla, un cambio que representa un acercamiento económico bajo condiciones controladas en un contexto de presión bilateral.
Este interés surge en medio de una profunda crisis interna en Cuba influenciada por factores como la escasez de combustible, apagones prolongados y deterioro de servicios básicos, exacerbados por el bloqueo petrolero y las restricciones económicas impuestas desde Washington.
La apertura hacia capital extranjero surge en un momento en el que La Habana también está flexibilizando sus propias políticas para permitir que ciudadanos emigrados inviertan en proyectos locales —incluidos sectores como turismo, minería y energía— con el objetivo de modernizar infraestructuras, lo que complementa las señales de posibles espacios para el financiamiento foráneo.
La estrategia estadounidense combina dos elementos principales: continuar la presión en torno al embargo y las sanciones, mientras se crea un ambiente en el que la participación económica de extranjeros podría contribuir a una reconfiguración gradual del modelo económico cubano. Esto estaría ligado a la intención de reducir la influencia de actores como Rusia en la isla y reforzar el papel de Estados Unidos en la región.
Especialistas han descrito esta mezcla como una especie de “transición económica controlada”, en la que se mantendrían estructuras básicas del sistema cubano, pero se modificaría su funcionamiento para permitir una mayor integración con mercados y capitales internacionales. Sin embargo, algunos analistas advierten que para que realmente se concrete una ola significativa de inversiones se necesitaría primero un cambio político sustancial que genere confianza jurídica, incluidas garantías contra expropiaciones u otras medidas que hoy disuaden al capital extranjero.
El rumbo final de este enfoque dependerá de múltiples factores: la voluntad de negociación del gobierno cubano, la evolución de la crisis interna, la respuesta de otros países involucrados y las prioridades geopolíticas de Estados Unidos en un escenario global cada vez más competitivo.
Fuentes: The Atlantic