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Alina Bárbara López advierte que el descontento popular no basta para derribar la dictadura

Redacción de CubitaNOW ~ martes 20 de octubre de 2026

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La historiadora y ensayista cubana Alina Bárbara López Hernández sostiene que el futuro democrático de Cuba dependerá de la capacidad de sus ciudadanos para organizarse dentro de la Isla, construir redes comunitarias y superar la fragmentación del activismo opositor. En un artículo publicado originalmente en inglés por Journal of Democracy el 19 de octubre de 2026, la intelectual analiza cómo los apagones, la escasez, la emigración y la represión están transformando las protestas y las demandas sociales. Aunque considera que el miedo ha perdido fuerza y que los reclamos de libertad ganan terreno, advierte que la falta de estructuras organizativas sólidas podría impedir que el descontento se convierta en una transición democrática. Su mensaje es claro: Cuba necesita una sociedad civil capaz de actuar desde dentro y un respaldo internacional que fortalezca, sin sustituir, el protagonismo de los cubanos.

La crisis económica, el colapso energético y el deterioro de los servicios públicos están modificando la relación entre la ciudadanía y el poder en Cuba. Según López Hernández, las protestas ya no se limitan a reclamar electricidad, agua, alimentos o medicamentos: cada vez incorporan exigencias de libertad y cambios políticos.

En su análisis, la historiadora explica que el crecimiento del acceso a internet permitió romper parcialmente el monopolio informativo del Estado y facilitó la aparición de nuevas voces independientes. Sin embargo, la represión, las detenciones y la emigración han debilitado la capacidad de los activistas para establecer vínculos duraderos con las comunidades.

La autora destaca que las manifestaciones han adquirido nuevas formas, con protestas vecinales, cierres de calles, cacerolazos y mensajes contra el Gobierno. También señala la importancia de las redes de ayuda mutua, que atienden a familias vulnerables y pueden contribuir a crear relaciones de confianza y cooperación.

«La gente está aprendiendo a dejar de esperar permiso para exigir, informar, organizarse y reivindicar su derecho a participar en la vida pública», afirma López Hernández.

No obstante, advierte que el valor de estas movilizaciones no garantiza por sí solo una transformación política. Las rivalidades entre opositores, la dispersión de iniciativas y la distancia entre figuras reconocidas en el exterior y los ciudadanos que protestan dentro de Cuba siguen siendo obstáculos importantes.

Para ilustrar esa diferencia, compara la situación cubana con las experiencias de Polonia y Sudáfrica, donde organizaciones sociales y sindicales lograron construir estructuras capaces de sostener una transición. En contraste, recuerda los problemas de fragmentación que marcaron otros procesos, como los de Libia y Siria.

La historiadora considera que la diáspora puede desempeñar un papel relevante mediante el respaldo material, político y organizativo, pero insiste en que la transformación debe tener raíces nacionales.

«Cuba necesita gente que se organice dentro y apoyo desde fuera», resume.

Su conclusión es que el desafío no consiste únicamente en aumentar las protestas, sino en convertirlas en un movimiento cívico conectado con los barrios, capaz de sostener demandas comunes y preparado para aprovechar una eventual apertura política.

Fuente: Alina Bárbara López en Journal Democracy


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