En muchas localidades de Cuba, los ciudadanos enfrentan la escasez de agua potable, una situación que se ha vuelto recurrente y afecta a millones de personas. Los reportes más recientes indican que familias enteras hacen largas colas para acceder al suministro, que llega de manera intermitente o no llega durante varios días consecutivos. La información fue difundida por el periodista Mario J. Pentón, quien documenta la crisis y recoge testimonios de afectados en distintas provincias del país.
En ciudades como La Habana, Santiago de Cuba y Camagüey, el desabastecimiento se ha agudizado durante las últimas semanas. Vecinos de barrios populares reportan que deben esperar horas e incluso días para llenar recipientes con agua de tanques públicos o camiones cisterna, que a menudo llegan tarde o con escasa presión. La falta de agua obliga a las familias a racionar su consumo, afectando tareas básicas como cocinar, higienizarse y limpiar los hogares.
El problema no se limita a las grandes ciudades. En municipios del interior como Manicaragua, Baracoa y Nuevitas, la población también enfrenta cortes prolongados y acceso irregular al agua. En algunos casos, los tanques locales se vacían antes de que todos los residentes puedan abastecerse, generando conflictos y tensiones en las comunidades. Muchos recurren a ríos y pozos no tratados, lo que aumenta el riesgo de enfermedades gastrointestinales y otras infecciones.
Los cubanos denuncian que, a pesar de las promesas oficiales de mejorar la infraestructura hídrica, los problemas persisten y en algunos lugares se han intensificado. Expertos señalan que la combinación de infraestructura obsoleta, falta de mantenimiento y sequías periódicas agrava la crisis. Además, la energía eléctrica inestable dificulta el bombeo y distribución del agua, afectando tanto a la población urbana como rural.
El desabastecimiento también afecta centros de salud, escuelas y empresas estatales, que dependen del agua para mantener operaciones básicas. Los hospitales, por ejemplo, enfrentan dificultades para garantizar la higiene y la atención a pacientes, mientras que las escuelas deben limitar actividades que requieren agua, afectando la educación y el bienestar de los niños.
Esta situación ha llevado a que muchas personas compartan sus experiencias en redes sociales, mostrando filas interminables y cubetas vacías, y exigiendo soluciones inmediatas. Mientras tanto, la población continúa adaptándose como puede, enfrentando un desafío diario para satisfacer una necesidad básica que debería ser garantizada en cualquier país: el acceso constante al agua potable.
Fuente: Mario J. Pentón.
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