La dramática denuncia de una madre cubana ha vuelto a poner rostro humano a la profunda crisis energética que atraviesa la isla. Arisleydis Hernández acudió a las redes sociales para alertar sobre la situación de su hijo, un joven con síndrome de Down y múltiples enfermedades crónicas que ha tenido que enfrentar más de 60 horas de apagones acumulados. Su testimonio ha generado una ola de solidaridad y reavivado el debate sobre el impacto que los prolongados cortes eléctricos tienen en las familias más vulnerables del país.
La crisis eléctrica que afecta a Cuba desde hace meses continúa dejando historias de sufrimiento que reflejan las consecuencias más duras de los prolongados apagones. Una de ellas es la de Arisleydis Hernández, una madre que decidió hacer pública su desesperación ante la situación que enfrenta su hijo, un joven con graves problemas de salud cuya calidad de vida depende, en gran medida, de condiciones mínimas que la falta de electricidad le impide tener.
A través de varias publicaciones en redes sociales, Hernández explicó que su hijo padece síndrome de Down y múltiples enfermedades que complican seriamente su estado físico. Según relató, el joven es cardiópata, asmático, epiléptico y además vive con un solo pulmón y un solo riñón funcional. También sufre una úlcera sangrante que requiere vigilancia constante.
La madre aseguró que los extensos apagones han agravado aún más una situación ya de por sí difícil. Sin electricidad, se vuelve complicado preparar alimentos adecuados para el joven, especialmente aquellos que necesitan ser procesados o licuados. Además, las altas temperaturas, la falta de ventilación y las dificultades para descansar afectan directamente su bienestar.
“Es inhumano”, escribió Hernández en una de sus publicaciones más compartidas. En otro mensaje expresó su frustración tras acumular más de 60 horas sin servicio eléctrico, denunciando que muchas familias están llegando al límite de su resistencia física y emocional.
Su testimonio rápidamente encontró eco entre cientos de cubanos que compartieron experiencias similares. Muchos usuarios señalaron que los apagones no solo afectan la comodidad de los hogares, sino que representan un peligro real para ancianos, niños y personas con enfermedades crónicas que requieren condiciones especiales para alimentarse, conservar medicamentos o utilizar equipos médicos.
La situación también pone sobre la mesa las diferencias que perciben numerosos ciudadanos entre las zonas sometidas a largos cortes de energía y otros sectores que mantienen servicios más estables. Este contraste ha alimentado el descontento social en medio de una crisis que afecta prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana.
Mientras tanto, miles de familias continúan adaptándose como pueden a una realidad marcada por la incertidumbre eléctrica. Historias como la de Arisleydis Hernández reflejan que detrás de cada apagón hay personas que enfrentan desafíos mucho más profundos que la simple ausencia de luz, convirtiendo una crisis energética en una emergencia humana que impacta directamente la salud y la calidad de vida de los más vulnerables.
Fuente: Publicación de Arisleydis Hernandez
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