Mientras Cuba entra en 2026 en un contexto marcado por miedo, escasez e incertidumbre, sacerdotes y sacerdotisas de la santería —la religión afro-cubana de raíz yoruba que combina tradiciones africanas y españolas— salieron este domingo a pedir paz, salud y armonía para el pueblo en medio de un clima social y geopolítico cada vez más tenso.
La ceremonia, celebrada en La Habana, tuvo lugar en el patio de una vivienda antigua y estuvo marcada por cantos en yoruba, sacrificios rituales, ofrendas y oraciones colectivas a las deidades. Decenas de babalawos (sacerdotes) y fieles vestidos de blanco invocaron primero a Eggun, la deidad de los ancestros, y luego a Azowano, una manifestación de San Lázaro, profundamente venerada en la isla.
“No se trata solo de religión, sino de aliviar el peso de lo que viene”, dijo el sacerdote Lázaro Cuesta a Associated Press, organizador del ritual, destacando que para muchos de los presentes la ceremonia fue una forma de enfrentar el miedo colectivo que flota en el ambiente en estos primeros días del año.
Este ritual se celebró tras una advertencia tradicional dada por los santeros a finales de diciembre en la llamada Letra del Año 2026, divulgada por la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, en la que se advertía sobre un ciclo de conflictos, violencia social, problemas de salud y persistencia del éxodo migratorio que podría afectar tanto a Cuba como al mundo.
Días después de esa profecía, el 3 de enero, una operación militar en Caracas liderada por Estados Unidos terminó con la captura del entonces presidente venezolano Nicolás Maduro y la muerte de decenas de soldados cubanos, un suceso que impactó profundamente en la percepción pública de la isla.
Durante la ceremonia del domingo, varios cientos de personas hicieron fila para ser limpiados simbólicamente con pollos vivos en medio de cánticos ancestrales. Entre ellas estaba Yusmina Hernández, una ama de casa de 49 años, quien resumió el sentir general: “Como personas religiosas, tratamos de apartar todo lo negativo que llega a nuestras vidas”.
Las ofrendas incluyeron alimentos hoy casi imposibles de conseguir, como huevos, frijoles y maíz, un detalle que no pasó desapercibido y que subraya la profundidad de la crisis que atraviesa el país. “Esto se hace por el bien de la sociedad, para que no haya conflicto ni violencia”, explicó el babalawo Eraimy León al concluir la ceremonia.
En una Cuba donde la economía se asfixia, la migración sigue vaciando hogares y el futuro se ve cada vez más estrecho, la santería vuelve a ocupar un lugar central en la vida cotidiana de muchos. Para ellos, pedir paz a los orishas no es solo una tradición o un gesto cultural, sino una necesidad vital frente a un inicio de año que, desde sus primeros días, ya parece cuesta arriba y sin muchas certezas.
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