En Playa, La Habana, un residente inventó un artefacto que emula los cacerolazos durante los prolongados cortes de electricidad, buscando llamar la atención sobre los apagones que afectan su comunidad.
La persistente falta de electricidad en La Habana ha generado ingeniosas formas de protesta ciudadana. En el municipio Playa, un vecino decidió dar un paso creativo frente a los prolongados apagones y compartió recientemente con elTOQUE su más reciente invento: un “tocador de calderos automático”.
El dispositivo, instalado en el techo de su vivienda, se activa con la más ligera brisa y produce un sonido que emula los tradicionales cacerolazos, símbolo de protesta en momentos de corte eléctrico. Según el creador, la intención es visibilizar el impacto de los apagones en el bloque 2, uno de los más afectados por la falta de suministro, donde los residentes suelen mantenerse dentro de sus casas, sin manifestarse ni prender candela para protestar.
“Por eso nos quitan la corriente más que a nadie”, comenta el vecino, señalando la paradoja de que, mientras los habitantes guardan silencio ante la ausencia de electricidad, la problemática sigue sin solución. Su invento, aunque pensado para generar conciencia, ha provocado diversas reacciones entre sus vecinos: algunos se sienten molestos por el ruido, mientras que otros aprecian la creatividad de la iniciativa.
El “tocador de calderos automático” es un ejemplo de cómo los ciudadanos cubanos encuentran maneras originales de expresar su descontento ante la precariedad de los servicios básicos. Los cacerolazos, tradicionalmente asociados a manifestaciones públicas, se trasladan así a un formato doméstico, que permite denunciar la situación sin salir a la calle, pero logrando llamar la atención sobre una problemática cotidiana.
Este invento también refleja el ingenio y la resiliencia de quienes enfrentan largas jornadas sin electricidad, y cómo pequeñas acciones pueden convertirse en un medio para visibilizar necesidades urgentes en la comunidad. En un contexto donde los cortes eléctricos se prolongan y los recursos para protestar son limitados, la creatividad se convierte en una herramienta de denuncia y de comunicación con las autoridades y vecinos.
Fuente: elTOQUE