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Dictador Miguel Díaz-Canel desmiente a Trump y niega contactos con Estados Unidos

Redacción de CubitaNOW ~ lunes 12 de enero de 2026

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El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel negó este lunes la existencia de conversaciones con el Gobierno de Estados Unidos, desmintiendo así las recientes afirmaciones del presidente Donald Trump, quien aseguró que Washington mantiene contactos directos con La Habana. Según el mandatario cubano, solo existen “contactos técnicos en el ámbito migratorio”, una aclaración que busca minimizar cualquier posibilidad de diálogo político y reafirmar la narrativa oficial sostenida por el régimen durante más de seis décadas.

Una vez más, Díaz-Canel recurrió al discurso retórico tradicional, centrado en la “igualdad soberana”, el “respeto mutuo” y la denuncia del embargo estadounidense como causa principal de todos los males que aquejan a Cuba. En su mensaje, responsabilizó directamente a Estados Unidos del empobrecimiento del país y del éxodo masivo de cubanos, presentando a los emigrados como víctimas de una “política fallida” y de supuestas traiciones de actores políticos en Miami. Sin embargo, esta versión oficial omite de forma deliberada el papel central que ha tenido la dictadura impuesta hace 65 años en la destrucción del tejido económico, social y productivo de la nación.

Resulta cada vez más difícil sostener que la miseria generalizada, la escasez crónica de alimentos y medicinas, el colapso de los servicios básicos y la falta de oportunidades sean consecuencia exclusiva de factores externos. La realidad cotidiana de los cubanos demuestra que el verdadero origen de la crisis está en un modelo económico fracasado, en la falta de libertades, en la persecución al emprendimiento independiente y en la absoluta incapacidad de la cúpula gobernante para ofrecer soluciones reales. El embargo estadounidense puede ser un factor, pero no explica décadas de improvisación, corrupción e ineficiencia interna.

El tema migratorio, utilizado por Díaz-Canel como argumento político, es quizá el ejemplo más claro de esta contradicción. Millones de cubanos no abandonan la isla empujados por una ley extranjera, sino por el desespero de no poder vivir con dignidad en su propio país. La migración masiva es un voto de censura silencioso contra el sistema, no una conspiración externa. Negar esta realidad es negar el sufrimiento de las familias separadas, de los jóvenes sin futuro y de los ancianos abandonados a su suerte.

Mientras el régimen insiste en culpar a Estados Unidos y en presentarse como víctima permanente de la hostilidad imperial, ignora lo que piensan y desean los cubanos, que son quienes padecen la miseria día a día. La distancia entre el discurso de la élite gobernante y el sentir popular es cada vez mayor. Muchos ciudadanos anhelan cualquier vía de entendimiento que permita aliviar la crisis, mejorar las condiciones de vida y abrir espacios de esperanza, aunque ello implique contactos y negociaciones con Washington.

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