La Liga Superior de Baloncesto Femenina de Cuba 2026 nace envuelta en más dudas que expectativas. Más allá de los discursos oficiales y los objetivos técnicos anunciados por la Comisión Nacional, el nuevo formato vuelve a dejar una sensación conocida entre los seguidores: otro evento pensado desde un buró y no desde las gradas.
El primer punto de conflicto está en la limitación territorial. Solo cuatro provincias —La Habana, Camagüey, Santiago de Cuba y Villa Clara— tendrán representación. La decisión, basada en evaluaciones técnicas, deja fuera a territorios con tradición, trabajo sostenido y afición fiel. Para muchos seguidores, esto no es una liga nacional, sino un torneo reducido con etiqueta de élite, que desconecta al público de gran parte del país.
A ello se suma el polémico sistema de “bolsa de jugadoras”, que permite hasta cuatro refuerzos por equipo, seleccionados por sorteo, además de dos juveniles obligatorias. Aunque el argumento es el equilibrio competitivo, el resultado práctico apunta a otra dirección:
equipos armados artificialmente, identidades provinciales diluidas y una conexión emocional casi inexistente con la grada. El fanático no se identifica con un proyecto que cambia de rostro cada temporada.
Las restricciones en cancha tampoco ayudan. Limitar a dos refuerzos simultáneos y obligar a las juveniles a disputar un cuarto completo por partido puede afectar el ritmo y la competitividad real de los encuentros. El desarrollo del talento joven es necesario, pero cuando se impone de forma rígida, el juego se resiente y el espectáculo pierde naturalidad.
Aunque la Comisión defiende que el calendario permitirá a las jugadoras disputar 24 partidos, la liga sigue siendo corta para un país que necesita más competencia interna, no menos. El roce internacional no se construye con formatos comprimidos ni con torneos diseñados solo para cumplir planes administrativos.
Según el portal JIT, la intención es elevar el nivel competitivo, fortalecer las categorías sub-16 a sub-18 y adaptarse a las exigencias del baloncesto moderno. Los objetivos son válidos. El problema es el camino elegido.
Sin público no hay liga.
Sin identidad no hay pertenencia.
Y sin afición, cualquier evento, por muy bien planificado que esté en el papel, nace incompleto.
Mawell rompe el silencio en medio de la polémica del reparto entre Dany Ome y Bebeshito
Hace 8 horas
El cerco digital se estrecha: Cuba inicia 2026 con más vigilancia, miedo y autocensura
Hace 10 horas
Identifican cuerpo hallado en un pozo junto a su bicicleta en Palmarito, Pinar del Río
Hace 15 horas