En una nueva reflexión sobre la historia y el presente de Cuba, el sacerdote Alberto Reyes Pías recuerda la expulsión de religiosos ocurrida en los primeros años de la Revolución y sostiene que la Iglesia Católica ha mantenido durante décadas un papel incómodo frente al poder político. Su mensaje reivindica la libertad, la verdad y el acompañamiento a quienes sufren como parte esencial de la misión de la Iglesia en la Isla.
El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías dedicó su más reciente reflexión, titulada “He estado pensando... en el vecino incómodo”, a analizar la relación entre la Iglesia Católica y el poder político en Cuba desde los primeros años de la Revolución.
Reyes recuerda que el 17 de septiembre se conmemoró un aniversario de la expulsión de sacerdotes y religiosas en el barco español Covadonga, episodio que formó parte del éxodo de miembros de la Iglesia ocurrido entre 1959 y 1961.
Según el sacerdote, cientos de religiosos abandonaron Cuba durante aquellos años. Para Reyes, aquel proceso estuvo relacionado con la intención del nuevo poder de eliminar voces independientes. “La necesidad de extinguir la luz, la urgencia por ocultar la verdad”, escribe al explicar lo que considera el origen de aquella confrontación.
El sacerdote también recuerda el papel que tuvo la Iglesia en la etapa previa a la Revolución y menciona especialmente a monseñor Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba, quien intercedió para salvar la vida de Fidel Castro después del asalto al cuartel Moncada.
En su reflexión, Reyes sostiene que buena parte de la población cubana que se enfrentó a Batista buscaba recuperar libertades y democracia, y no establecer un sistema de partido único.
“La Iglesia fue una de las primeras en darse cuenta del engaño, de la manipulación escondida, del peligro de esclavitud que se acercaba”, afirma el sacerdote, al recordar la carta pastoral “Roma o Moscú”, documento con el que la jerarquía católica expresó sus preocupaciones ante el rumbo político de la Revolución.
Para Reyes, esa posición convirtió a la Iglesia en un “vecino incómodo”, una expresión que utiliza como eje de toda su reflexión.
“La Iglesia resulta incómoda porque ha conservado siempre un espacio propio de libertad”, sostiene. A su juicio, ese espacio permite defender valores como “caridad”, “justicia”, “verdad” y “libertad”.
El sacerdote también destaca el papel de las comunidades religiosas como espacios de acompañamiento para personas que enfrentan miedo, dificultades económicas, encarcelamiento o separación familiar.
En uno de los pasajes centrales de su texto, afirma que, pese a los intentos de vigilancia y control, la Iglesia no ha desaparecido: “ha terminado siendo no sólo el refugio de este pueblo sino la voz que lo defiende, la mano que lo ayuda, la voz de su esperanza”.
Reyes concluye reivindicando una Iglesia que, además de administrar sacramentos, acompañe a quienes sufren y defienda la dignidad humana: “la persona está por encima de cualquier sistema político”.
Fuente: Padre Alberto Reyes
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