La presión política de Estados Unidos sobre el régimen cubano vuelve a escalar en medio de la profunda crisis que atraviesa la isla. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que el sistema de gobierno en Cuba “está destinado a caer”, en línea con declaraciones recientes del presidente Donald Trump.
Durante un encuentro con la prensa, Leavitt aseguró que las palabras de Trump —quien ha repetido en varias ocasiones que “Cuba es la próxima”— reflejan una evaluación clara sobre la fragilidad del régimen. “El país se encuentra en una situación muy débil, tanto económica como financieramente. El pueblo cubano está cansado de su Gobierno”, señaló la funcionaria.
Las declaraciones llegan en un contexto de creciente deterioro dentro de la isla, marcado por apagones prolongados, escasez de alimentos y medicinas, y un aumento del descontento social que el régimen intenta contener mediante represión y control.
Trump, por su parte, ha sido más directo en sus intervenciones públicas. Durante un evento en Miami Beach, afirmó que “Cuba es la próxima”, insinuando un posible cambio político en el país. Días después, a bordo del Air Force One, reforzó ese mensaje al calificar a Cuba como un “país fallido” con un liderazgo “corrupto e incapaz”.
El mandatario estadounidense también restó importancia a posibles apoyos externos al régimen, asegurando que incluso si países como Rusia continúan enviando petróleo, la crisis estructural de la isla no se resolverá. “Cuba está acabada”, afirmó, insistiendo en que el colapso del sistema es solo cuestión de tiempo.
Desde Washington se ha intensificado el discurso crítico hacia La Habana, responsabilizando directamente al régimen por la falta de libertades y por el colapso de un modelo económico que, durante décadas, ha sido incapaz de garantizar condiciones mínimas de vida a la población.
En paralelo, han trascendido reportes sobre contactos discretos entre la administración estadounidense y figuras cercanas al poder en Cuba. Aunque no se han revelado detalles, Leavitt confirmó que estas conversaciones “continúan al más alto nivel”, lo que sugiere movimientos estratégicos en torno al futuro político de la isla.
Para muchos analistas, estas señales reflejan un cambio en el tono de la política estadounidense hacia Cuba, con un enfoque más directo en señalar la inviabilidad del sistema y en respaldar, al menos discursivamente, un eventual escenario de transición.
Mientras tanto, dentro de Cuba, la realidad cotidiana sigue marcada por la crisis. La población enfrenta largas horas sin electricidad, inflación descontrolada y una emigración masiva que vacía el país de jóvenes y profesionales.
Fuente: Martí Noticias
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