Unos 2,7 millones de personas en Cuba tienen afectado total o parcialmente el servicio de agua potable, una situación que evidencia el deterioro de la infraestructura hidráulica y su estrecha dependencia de un sistema eléctrico que atraviesa una profunda crisis.
Según informó la agencia EFE, la cifra representa alrededor del 35 % de la población cubana que recibe agua mediante redes y afecta principalmente a las provincias de La Habana, Artemisa, Matanzas, Santiago de Cuba y Holguín.
Los prolongados apagones constituyen uno de los principales obstáculos para mantener funcionando las estaciones de bombeo. Las autoridades del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos han señalado que más del 85 % de las estaciones de bombeo del país dependen de la electricidad, por lo que las interrupciones del servicio eléctrico repercuten directamente sobre el suministro de agua.
En La Habana, la situación se extendió durante todo septiembre y afectó a más de 577.000 personas. Todos los municipios presentan dificultades, aunque las condiciones más complejas se reportan en Boyeros y El Cotorro, donde las averías de los equipos de bombeo se combinan con la inestabilidad eléctrica.
El problema también golpea con fuerza a Santiago de Cuba. Allí, cerca de 180.000 personas enfrentan dificultades con el abastecimiento debido a la baja disponibilidad de agua en las presas, la sequía, los déficits de electricidad y las averías de equipos.
La crisis no es exclusivamente energética. La infraestructura hidráulica cubana acumula años de deterioro, falta de inversiones y mantenimiento, lo que ha provocado averías frecuentes en estaciones de bombeo y conductoras. La combinación de estos factores hace que numerosas comunidades pasen largos períodos sin recibir agua de manera regular.
La situación tiene además consecuencias sobre las condiciones sanitarias. Reportes recientes han vinculado la falta de agua y los apagones con un deterioro de la higiene en distintos puntos de La Habana, mientras aumentan las dificultades para garantizar condiciones adecuadas incluso en instalaciones de salud.
Para millones de cubanos, conseguir agua se ha convertido en una tarea cotidiana que obliga a almacenar el líquido cuando llega, trasladarlo en recipientes o buscar fuentes alternativas. En muchos hogares, los cortes de electricidad agravan el problema al impedir también el funcionamiento de bombas particulares.
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